viernes, 20 de octubre de 2017

El comando


[…] Ellos esperan a un aliado, al último, aquel con el que redondearán su macabro plan.
Ellos no están desarmados, lo desalmados nunca lo están, y aguardan pacientes en un sillón en el que se sienten bien cómodos, el de la perversidad; saben que ese aliado aparecerá tarde o temprano y en el comando todos tienen ya el guion de su papel bien aprendido.
*
El viento sopla hoy con inusitada fuerza, huracanado. Llegó el momento.
Aunque el calor es sofocante —no resulta fácil portar un pasamontañas—, «Número uno» está preparado; alterna la mirada entre su reloj, a punto de señalar la «hora F», y su mano derecha, que aprieta algo con fuerza. No puede evitar pensar en «Número trece», su colega de juventud, mientras se pregunta si aquel muchacho frágil e introvertido, del que recuerda casi todo pero al que en este instante de máxima tensión no consigue poner cara, será hoy capaz de hacer lo que hay que hacer.
Es triste, pero los miembros del comando, con su lógica radical, interpretan la vida con el prisma equivocado del odio y la venganza; por eso están contra todos, contra el mundo, aunque el mundo no hubiera reparado nunca antes en ellos; o quizá un poco por eso mismo. Queda la duda de si ignoran o no que sus argumentos sólo cobran validez en sus obtusas y enfermas mentes.
Sí, el viento es el aliado definitivo que, sin embargo, reniega de serlo al conocer las intenciones de todos ellos y, sabedor de que no puede cambiar su naturaleza, aúlla soplos lastimeros silenciados bajo sus rugidos de naturaleza enfadada.
**
El anciano, cuya vitalidad parece reñida con su carnet de identidad, hace una pausa en la narración para levantar la mirada de un cuaderno sin estrenar y dirigirla hacia un punto de la estancia que no existe; mientras, se acaricia las cicatrices de una de sus mejillas que tampoco el tiempo quiso disimular.
—Abuelito, ¿qué te pasó en la cara?
—Nada, mi niño —responde con tristeza, y vuelve a concentrar la mirada en unas líneas manuscritas que nunca llegó a garabatear, bastante grabadas se quedaron ya en su recuerdo; y apostilla antes de continuar—, nada comparado con lo que les sucedió a otros muchos…
***
Unos nuevos actores aparecen en escena cuando bajan con premura de los camiones cisterna que los han trasladado al terrible escenario creado por el comando. El calor es sofocante, y se hace muy difícil respirar bajo unas mascarillas obstruidas por las partículas tóxicas de la ceniza; pero tienen tanta decisión como solidaridad rebosando de sus conciencias y siguen avanzando por esos caminos que les adentran en el infierno…
La otra opción no la contemplan, no pueden, todavía no… […]

© Patxi Hinojosa Luján
(20/10/2017)

martes, 17 de octubre de 2017

Con la boca abierta

Mi quinta aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Que todo vuelva a ser como antes es una quimera con la que no debo coquetear. No me hace ningún bien ni siquiera sugerirlo, pues sólo añade más frustración a un equipaje ya cargado de autocompasión.
Ellos, los de blanco, intentan que me relaje y piense en otra cosa. Sé que saben que tal cosa no es posible, lo veo en el cruce de unas miradas que se buscan sin conseguir disimular esa expresión de compasión.
Aquel accidente truncó mi carrera, y revivo el impacto a todas horas. La cámara no buscará más primeros planos míos, a mi director de cabecera nunca le gustaron las sonrisas sintéticas.

© Patxi Hinojosa Luján
(12/10/2017)

jueves, 12 de octubre de 2017

La vuelta

Mi cuarta aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

La ciudad del amor os espera, a los dos. Lleváis tiempo deseando impregnaros del romanticismo que esparce entre sus visitantes; necesitáis convertirlo en pasión, es vuestra última oportunidad. Conseguisteis encontrar el momento y vais de camino imaginándoos cómo os recibirá, sin lograr deshaceros del recelo de que os pudiera decepcionar.
La ciudad del amor tiene todo lo necesario para no defraudaros, para que vuestra estancia allí sea inolvidable. Pero si no lo fuera, siempre podríais, pensáis los dos, organizar una nueva visita durante la siguiente cita furtiva; eso sí, dejando esta vez a vuestras respectivas parejas en casa con alguna excusa no demasiado inverosímil.

© Patxi Hinojosa Luján
(04/10/2017)

viernes, 6 de octubre de 2017

Hermano


Lo recuerdo a la perfección, como si sólo hubieran pasado cincuenta años, y es que sólo han pasado cincuenta años…
*
Se escondía detrás de esa cara de pillastre que te analizaba sin llegar a incomodar a pesar de lo profundo que su mirada conseguía escrutar a quien se descuidaba. El pelo largo y rubio, bastante largo y muy rubio, le otorgaba un toque exótico —eran otras épocas—, y su atractivo físico, que aún hoy intenta mantener con cierto éxito, nunca pudo competir con el otro, que mantiene intacto hasta el momento.
Desde el principio fue encantador, por partida doble; a su encanto personal sumó siempre el don de cautivar con su seductora conversación. Estos últimos años, además, ha conseguido fijar un diente más en el engranaje de sus pasiones y lo es ya por partida triple: encanta también con sus magníficos escritos, pero eso va después.
Por aquellos entonces compartíamos rellano de escalera, para bien, y banda sonora de gritos y golpes en nuestros hogares, para mal, aunque conseguimos que fueran tales a cambio de desgastar nuestras almas. Hoy en día aún seguimos parcheándolas con la dignidad que nunca perdimos gracias a la ayuda mutua; y si en algún momento un par de enérgicos ¡toc, toc! en mi puerta me trasladan a la época de sus escapes a la carrera —aferrado a una mano maternal que cada vez aferraba menos pensando como estaba en su propia huida—, en busca de refugio en nuestro hogar, una trinchera que no era tal, visualizo que el amparo fue mutuo también, que siempre lo fue cuando abríamos la puerta sin preguntar.
**
Tiene la suerte de que su dorado cabello de antaño camufla hoy muchas de las canas que pugnan por hacerse visibles, aunque no puede evitar que el conjunto vaya plateándose por momentos. Por ahí se comenta que en las noches de luna llena se le puede ver negociando con ésta, intentando trocar parte de su nívea carga por una inspiración que él ya tiene a raudales, le vino de serie; tanto es así que mantiene a sus musas en un expediente de regulación de empleo indefinido. Por tanto, no hagáis caso de aquellas habladurías, yo sé bien que si se les ve juntos es porque son amigos y confidentes, me lo confesó ella una noche en la que él se entretuvo soñando mundos con menos seres y más humanos.
Pero la blancura de su cabellera no es lo único que disimula, el paso del tiempo nos ha deparado muchas vivencias que debemos proteger; en eso creo que me siguió, cuando yo aprendí de la suerte de vida que, por momentos, nos tocó en desgracia. No soy su maestro tampoco en esto, como sí lo es él para mí en ese arte que tan bien domina y que le permite crear universos paralelos con danzas lingüísticas que coquetean con la cuarta dimensión, y con alguna más; sólo juntando palabras, o nada menos que así…
Hoy, y desde hace varias décadas, compartimos tren y valores de esos que no cotizan en bolsa, y aunque no hacemos lo propio con el vagón, cuando las fichas del casino están de rebaja, sólo entonces —¡ay, la crisis!—, apostamos decididos a los dados; aunque no creo en ella, la suerte hace que cada dos por tres nos salga un seis que nos permite trazar una curva temeraria para acercarnos en una recta, imposible hasta ese momento. Entonces, juntos nos comemos el mundo a bocados de recuerdos.
¿Os he dicho ya que él es mi hermano?; ya lo era el de la cara de pillastre, aunque entonces él no lo supiera, aunque no lo reconociéramos ninguno de los dos.
***
La luna, llena ella esta noche, me acaba de guiñar un ojo, como diciéndome que lo deje ya, que me vaya a dormir. A mí no me engaña, sé que lo hace porque quiere quedarse a solas con él una vez más; ¡es lógico!, tiene la mejor conversación, la más interesante y culta, pero no me importa, al contrario, al fin y al cabo todo queda en familia. Y así, cuando en casos como este me doy la vuelta y me retiro con discreción, una sonrisa de orgullo anida en mi rostro y sé que se mantendrá ahí por mucho tiempo.
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¿Sabéis?, creo que aceptaré el consejo; suelen decir que la luna no acostumbra a regalar guiños a no ser que las botellas se hayan vaciado, y la mía de ron añejo está a punto de sacar billete para el contenedor de vidrios.

© Patxi Hinojosa Luján
(Con la Luna, llena ella, testigo del paso del día 05 al 06/10/2017)

martes, 3 de octubre de 2017

58


Te soy sincero, ya ves, no esperaba este final
Trato de huir de mi reflejo
Quiero verte en versión original
Sigo tus huellas sin complejo

Supongo que te cansaste de mí
A veces pienso que no estabas aquí
Hoy pretendo volver a ser tu amigo

Acepta ya que al final anidé en tu matinal
Dicen que se avecina nieve
Voy directo a tu punto cardinal
Que llega ya el 59

Ensaya un día dejarte cuidar
Mis torpes modos conseguiste olvidar
Debo ser el que tú deseas
Busco verme entre tus ideas
Hoy aspiro a volver a ser tu amigo

Pruebo a acompasar nuestros latidos
A acomodarme en tus sentidos
En este nuevo guion
Sabes, no importa que haya espectadores
Si tú y yo somos los actores
En el montaje final

© Patxi Hinojosa Luján
(03/10/2017 - Último día de mis 58 años)

martes, 26 de septiembre de 2017

Desesperanza

Mi tercera aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Desde el día que murió, la alegría comenzó a evitarme hasta acabar desapareciendo. Dijeron que llegaría a sobreponerme a su ausencia, que encontraría otras caricias con las que olvidar las que aún sueño como reales. Con el tiempo, la frecuencia de esos estímulos decayó en la misma medida que mi ánimo, y hoy, en la penumbra de mi soledad, echo de menos aquellas y la pena dibuja vacío.
Una noche más, mis pasos me llevan de vuelta al frío hogar con la parsimonia de la desesperanza. Dejo atrás esa tumba que tanta nostalgia destila mientras vomito un aullido, ya no me quedan fuerzas para ladrar…

© Patxi Hinojosa Luján
(21/09/2017)

martes, 19 de septiembre de 2017

Desnudo


Aún hoy tiemblo al recordarlo, incluso mi cuerpo empieza a sudar sin motivo aparente para los ojos extraños que me puedan observar.
Los dos éramos muy jóvenes, aunque no tanto como para no desear ya en aquellos tiempos liberarnos de una adolescencia que suele enquistarse a veces, aunque sea sólo en los sujetos más temerosos de asumir responsabilidades.
Como os decía, tiemblo al evocarlo, admitiendo que desconozco de dónde pude sacar la osadía para pedírselo, para pedirle que se desnudara para mí; pero el caso es que lo hice y, aunque no reaccionó enseguida, lo cierto es que no salió huyendo, y yo lo interpreté como todo un éxito previo al inevitable triunfo final.
A partir de entonces, con una complicidad recién estrenada, escapamos juntos en más de una ocasión a esa cara de la Luna que se oculta ante nuestros ojos pero no ante nuestros anhelos, y así podíamos seguir estudiándonos para aprendernos el uno al otro con la privacidad que da la intimidad. Recuerdo esas escenas, y otras con tanta o más carga de pasión, como si hubieran sucedido hace un momento, justo antes de elegir esta manzana que ya antes se eligió para mí y que acabo de morder. Y ahora sonrío, pues la equiparo a aquel recuerdo; parece que no pudiera resistirme a algunas tentaciones…
Llegados a este punto, caigo en la cuenta de que algunos de vosotros, amables lectores, quizá estéis pensando que este es tan buen momento como cualquier otro para que aparezca en el relato ese giro que termina por otorgar al texto un significado situado en el extremo opuesto de lo que se suponía hasta entonces... Siento decepcionaros, esta vez no hay tal giro final. En efecto, es cierto que le pedí que se desnudara, como pensaba hacerlo yo también, y no tardó en complacerme, pues lo hizo pocos días después cuando me abrió de par en par su corazón en un apasionado e integral desnudo emocional.
Porque…, eso era lo que habíais pensado, ¿no?  

© Patxi Hinojosa Luján
(19/09/2017)

lunes, 18 de septiembre de 2017

La porción

Mi segunda aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

Otra vez a oscuras, en silencio, cómplice de una sonrisa inocente que veo disfrutar.
Hoy es un día que en otra época fue especial, aunque procuro mantener bien escondido ese matiz a sus ojos. Él ignora que esta tarta, nuestro regalo por su cumpleaños, disimula lágrimas en su masa; cree que vendrá a por su porción, y que por eso le esperamos escondidos, ¡sorpresa! Mas lo cierto es que nos refugiamos en la clandestinidad del silencio, de la oscuridad, de la discreción del maquillaje… Y que rezo para que se equivoque, para que jamás volvamos a ver al monstruo.

© Patxi Hinojosa Luján
(14/09/2017)

sábado, 16 de septiembre de 2017

Íntegro


Cuenta la leyenda que jamás lograrás verlo si tu mirada no es capaz de buscarlo, que no estará cuando no lo eches de menos, porque él nunca se manifestará si es para estar de más. Cuenta otras muchas cosas, cierto, por algo es una leyenda, pero sólo es eso, o nada menos que eso. Por ello mismo opto por aparcar este libro que no he llegado a abrir y os contaré lo que el álbum de mis recuerdos aún conserva con mayor o menor claridad.
Es imprevisible, tanto como lo pueden llegar a ser nuestros pensamientos, y se nos puede aparecer en el momento y lugar más inesperados. Su conversación es relajada, ponderada, esclarecedora, conciliadora…, siempre. Sin saber por qué, cuando nos damos cuenta de que no nos importa compartir con ese desconocido nuestras intimidades, ya le hemos invitado a visitar los recovecos más recónditos de nuestras personalidades; pero no utiliza estos recursos para su beneficio, al contrario, sólo le interesa una cosa: ayudar de manera incondicional.
No exagero un ápice si afirmo que él es un ser íntegro a todos los niveles; y creo no equivocarme si considero que humano es un adjetivo que no le hace justicia, se le queda corto, demasiado…
*
—¿Va bien así, sí?, ¡estupendo! Entonces, ¿podría apartarse, aunque sea sólo un poco, por favor?..., es que, verá, sus alas me hacen cosquillas, sobre todo la derecha, se le está desprendiendo; y además, ¡ejem!, me está haciendo daño esa pistola clavada en las costillas…
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Decía…

© Patxi Hinojosa Luján
(16/09/2017)

viernes, 15 de septiembre de 2017

La barrera


(Soneto fecho «casi» al itálico modo y dedicado a mi hermana en «la menor» Monse en su cincuenta cumpleaños)

Hoy te toca a ti, hermana en «la menor»
Pasar la barrera de los cincuenta
Ya nos llegó a todos sin darnos cuenta
Y en tu caso lo aceptamos con humor

Sé que lo afrontas carente de temor
Pues ya tu troupe te aleja la tormenta
Tres chicas, dos chicos, esa es tu renta
Grupo tan unido que es todo un clamor

Ves que un nuevo tiempo se manifiesta
Ayer irrumpió el cambio de sopetón
Hoy desestimas echarte una siesta

Y así, colmando de pasión su zurrón
El destino se incorporó a tu fiesta
Y te tatuó una nieta en el corazón

© Patxi Hinojosa Luján
(15/09/2017)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Indolencia

Mi primera aportación a «Relatos en cadena», de cien palabras, en la Cadena SER...

La casa ha comenzado a llenarse de hormigas. Ya sé que no te importará, por mí también pueden coger todo lo que les interese. ¿Sabes?, ellas sí consiguen vivir como una verdadera sociedad; y lo mejor de todo, no son nada ruidosas, se cuidan de no molestarme cuando estoy cansado, cuando descanso o cuando no quiero que me molesten, y eso no lo puede decir todo el mundo, ¿verdad?
Hormigas… A mí no me importa que acudan cada vez en más número a la llamada de sus congéneres, pero ahora debo tener mucho cuidado, mirar bien dónde piso, no quiero más cadáveres en la casa aparte del tuyo.

© Patxi Hinojosa Luján
(06/09/2017)